18/8/19

La Azohía - Baterias Jorel i Castillitos

Copie i pegue la crónica de Carlos del Dissabte 10 de agost. 

Casi siempre asociamos el MTB a la montaña y el interior, casi siempre nos olvidamos de las rutas que hay por la costa y de lo bonito que es rodar por una senda con el mar a nuestros pies. Hoy Mingui nos hizo la ruta costera más bonita que hice nunca y encima la coronó con una señora trialera. Alabado sea el enduro murciano !!!

Y es que le debía una tras involucrar a murcianos y alcoyanos por el Valle y, finalmente, no poder acudir por causa de fuerza familiar, la mayor de todas. Afortunadamente todos lo pasaron bien y no solo me volvieron a hablar sino que, en cuanto quise devolver la visita, me pagaron con tremenda ruta que incluía hasta intereses. Saben que me van las finanzas aunque las mías sean escasas.

Dadas las fechas no podía ser una ruta por el Valle, el calor y los dos palmos de polvo lo impiden. Hay más humedad en una tonelada de polvorones que en una trialera del Valle en agosto, por lo que la visita se dejará para más adelante, pero me ofreció ruta por La Azohía, pueblo costero donde veranea, entre Cartagena y Mazarrón, que acepté con la ilusión de un niño que observa una boñiga de camello a la puerta de su casa en la mañana del día de Reyes.

Comenzó la búsqueda de compañeros y solo pude encontrar a Rafa y Julio, puesto que las fechas estivales, la distancia así como los compromisos nupciales y médicos impidieron mayor afluencia. Pocos pero buenos. Por la parte local también vendría Javi, que se pegaría una buena kilometrada desde Benidorm sabiendo que se jugaba el divorcio en caso de caída. Afortunadamente la amenaza no se hizo realidad aunque le hubiera salido barato el letrado.

En los días previos, la curiosidad comenzó a desbordarme y no pude evitar mirar en Wikiloc, quedando impresionado por las fotos y vídeos que se compartían, me entusiasmé y me costó una noche del viernes de insomnio. Parecía un hiperactivo tras dos litros de café. Es lo que tiene la ilusión, sonrisa de oreja a oreja y ojeras hasta el suelo.

Al fin, dada la distancia, aparecimos todos a las 8:30 en el lugar de salida, junto al bar donde almorzaríamos y a cincuenta metros de la playa, donde nos remojaríamos al terminar. Esto pintaba fenomenal, casi tanto como la carretera por la que habíamos llegado, divertida en su inicio, preciosa al final, en su transcurso paralelo a la costa.

A los saludos de los esperados, se sumó el del inesperado Ángel, el Zape de las Orbea Rallón. Fue una gratísima sorpresa, me alegré muchísimo por volverlo a ver y disfrutar de sus acrobacias “bicicletiles”. Hace lo mismo con ella que Zidane con un balón. La elegancia hecha biker.

Comenzamos la ruta por la Rambla de La Azohía, en dirección al Campillo de Adentro, desviándonos rápido a la derecha para coger senda que nos deja junto a la Batería de la Loma Larga. Ni me di cuenta de que estaban allí, me lo chivó el Google Earth con posterioridad.

Poco de asfalto y entrada a senda en subida cuya entrada es toda una declaración de intenciones, de esas que me gustan, por lo que cogemos carrerilla y superamos los escalones iniciales para comenzar a ascender y a sudar.

Y es que se trata de una bonita senda pero que resultó muy batalladora por la humedad del ambiente, que te hacía sudar a chorros. Por la senda no circulaban caracoles sino sepias. Cómo estaría la cosa que un biker, de grupeta a la que alcanzamos en la ascensión, harto de tanta dureza, decidió tirarse precipicio abajo para acabar con su sufrimiento. Lo consiguió, afortunadamente sin lastimarse demasiado.

La senda acaba saliendo de nuevo a la carretera que abandonamos al principio, por lo que quien no quiera tanta guerra, algo curioso en lugar repleto de cañones, puede subir por asfalto aunque a costa de escuchar algún cacareo.

Y justo tras salir al asfalto, lo cruzamos y nos ponemos las protes, se inicia la primera bajada del día, por una pista rápida y con piedra suelta que obliga a tener un poquito de precaución. No tiene complicación.

Realizamos un primer tramo fácil y divertido hasta que, de repente, aparece el mar frente a ti y te quedas con la boca abierta, has llegado a la zona del Cantalar y, ante ti, aparecen varías curvas cerradas que reducen tu velocidad y te obligan a mirar lo que tienes al frente, una maravillosa bahía, la de Cartagena, que arranca una exclamación de tus labios. Bonito de verdad, solo con esas vistas ya valió la pena la visita.



Seguimos bajando, divertidos, hasta parar a reagrupar y llegar todos con la misma cara de exclamación en nuestras caras. Qué bárbaro, qué bonito. Todos estamos alucinados.

En la última parte de la bajada a la Cala Salitrona, la pista se vuelve senda y el terreno se vuelve más entretenido, parando justo al comenzar la subida a las baterías que íbamos a visitar. 



Se trata de una subida por pista que no tiene ninguna dificultad, ni en pendiente ni en longitud. Hoy lo complicado era aguantar la humedad, que afectaba más a Rafa, valenciano del interior, y a Julio, agotado por el ejercicio conyugal. En un par de años comenzará a recuperar sus fuerzas.

Alcanzamos la Batería de Jorel, aprovechando para realizar 
bonitas fotos en los cañones que allí se encuentran y en la que Ángel nos demostró sus dotes de hombre-bala. Menos mal que por allí no había pulsador si no lo hubieran recogido en Cartagena.


Después visitamos la Batería de Castillitos, que iniciamos junto a uno de los tremendos cañones que allí se encuentran y sobre el que realizamos varias instantáneas tan típicas como la de los Beatles en Abbey Road, y otras menos típicas al instaurarse un concurso de caballitos y acrobacias con la bici. Ganó Ángel de largo, es un espectáculo con la bici, algo menos en colgarla. El cuadro de su Rallón dará buena fe de ello.



Bajamos de la batería por divertidos escalones, algunos con cierta complicación por tener una doble curva a superar. No lo logré en la primera oportunidad, muy apurado en la siguiente, rozando el manillar en la pared cuando salía de la segunda curva. Afortunadamente no toqué suelo en esta última.

Tras la visita a los cañones, nos internamos en los pasillos que transcurren bajo las baterías, a pie en este caso puesto que con las bicis no se puede, no hay luz. Divertido y curioso paseo con estancias con azulejos que me recordaban a la película “Tesis”. Hay mataderos cuyas salas de despiece despiden más calidez que alguna de las habitaciones que vimos.

Y dada la hora que ya era, dejamos de visitar la Batería del Atalayón, que sin duda lo será en próximo viaje, iniciando la vuelta a La Azohía por la carretera de las baterías, en suave ascenso por asfalto en dirección al repetidor de la población, al que afortunadamente no llegamos por el fuerte rampón que se veía a sus pies.

Tal fue el susto que se llevó Julio al ver tan tremenda rampa que, siguiendo el ejemplo del biker que se precipitó por el barranco en la primera subida, intentó autolesionarse cual soldado de la primera guerra mundial, pillándose el dedo con la cadena que acabó con herida más escandalosa que grave. No le sirvió de nada, viajábamos con botiquín con material suficiente como para operar de apendicitis. De fingir ataque al corazón, teníamos pastillita.

Lo peor de todo es que la lesión hubiera sido fácilmente evitable si hubiera preguntado, puesto que el rampón no iba a ser ascendido. El plato fuerte de la ruta, la Senda del Zurdo, comenzaba justo al inicio de la parte más dura de la ascensión.

Así que las protes volvieron a cobrar protagonismo para iniciar un primer tramo de senda realmente chulo y que me gustó mucho, se inicia a lo grande, con escalones y varios pasos en ascenso con cierto grado de tecnicidad que me alegró la mañana. Reagrupamos tras otro escalón con bonita bajada que nos dejó a todos entusiasmados, menudo inicio !!!


El segundo tramo de la senda es el más fácil de todos, no tiene ninguna dificultad y termina reagrupando para evitar que nadie coja el desvío hacia la Cala Escondida o la Torre de Santa Elena. 

El tercer tramo también es divertido, se inicia con senda estrechita y con buena caída a la izquierda para internarse en una serie de zetas, ciclables todas, cuya dificultad reside en aguantar sobre la bici por la pendiente y el escaso grip existente. La bici derrapa bastante.





Pero quedaba la guinda final, el último tramo, donde se concentraba la mandanga, en cual me adelanté aconsejado por Mingui para poder realizar alguna foto bonita. Así lo hice y quedé encantado con el tramo, endurero de verdad, una sucesión de rocas y escalones divertidísimo con un tramo central que emociona a corazones y protecciones por igual. Da subidón.

Tanto era mi engorilamento que, sabiendo que tenía que parar a fotear en dicho punto, me fue imposible parar por el entusiasmo que me arrastraba montaña abajo, esperando encontrar un momento de respiro para dejar la bici y remontar que no llegó hasta mucho más abajo, por lo que tuve que iniciar una loca remontada en busca del tan ansiado escalón al que llegué desfondado y reventado. A partir de ahora diré que no practico MTB sino duathlones.

Afortunadamente salieron buenas fotos de Mingui y Ángel, un poquito más abajo de Javi y Julio, que no vieron claro el escalón. El que ya iba con el pilotito rojo, y agarrándose al manillar como Puigdemont a un micrófono, era Rafa, al que le resultaba más fácil respirar bajo el agua que con aquel ambiente. No hacía mucho calor pero la humedad se dejaba notar. Todos nos quedamos sin agua.

La Senda del Zurdo fue el punto final a una grandísima ruta que coronamos con un refrescante baño en la playa, con buenas vistas y tapeo posterior, de donde surgieron futuras visitas al norte (Chulilla) y al sur, a la Cala Reona, que sin duda realizaré por los fantásticos recuerdos que tengo del lugar en la única ocasión que por allí rodé con Octavio.

No quisiera cerrar el relato sin agradecer a Migui la invitación a rodar por su territorio de veraneo y mostrarnos una ruta realmente espectacular desde el punto de vista paisajístico y no menos divertido por las sendas transitadas, con un final de éxtasis. Gracias, Mingui, espero verte pronto !!!







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