5/3/18

TransCastell

Com es habitual.... copie i pegue la crónica de Carlos.

Nueva entrega de “Los Mataos en el Reino de Rafa”, esta vez con tres nuevos integrantes, Elías, José Manuel y Marcos, que llegaban con una expectación que fue cubierta con creces puesto que, por mucho que te lo expliquen, nunca podrás imaginar la calidad de las sendas del lugar.

Rafa conoce su reino como la palma de su mano, lo recorre de forma constante, ve el inicio de una senda, su lento desarrollo y, cuando la ve madura, la incorpora a su reino para visitarla, mantenerla y cuidarla. Son sendas de montaña, con mucha piedra pero limpias, muy técnicas, que requieren de cierto nivel y obligan a no confiarte nunca porque te cazan en cuanto bajas la guardia. Así son y por eso nos enamoran.
La aventura de hoy prometía ser un poco más dócil, el bocairentino quiere invitar a todos “Los Mataos” a visitar su reino y quería que probáramos su proyecto de ruta, no harían falta protes pero, aun así, más de uno probó suelo. Allí no hay ruta fácil.
Sobre las 8:20 y tras aliviar peso en los servicios de la gasolinera por parte del de siempre, iniciamos la ruta, entrando en sendas a los cien metros, increíble, las cuales se van sucediendo, todas muy bonitas, hasta alcanzar la antigua carretera nacional a Valencia, que seguimos hasta inicio de corto descenso con el fin de abandonarla para coger la senda del Portalet.
Se trata de una dura senda en ascenso con varios pasos técnicos que ponen a prueba tus nervios puesto que tiene considerable caída a la derecha, por lo que no te permite arriesgar demasiado para tratar de pasarlos, si por mala suerte te vas hacia fuera, te espera una buena.
Por ese motivo es inevitable pasar alguno de ellos a pie, o simplemente realizar algún apoyo, tampoco muchos, cuatro o cinco, el resto se deja subir aunque a costa de resoplar con ganas. Senda “típical Rafa”, montaña pura.

Una vez arriba, hacemos una “U” para iniciar un descenso fabuloso, técnico en su inicio, con algunos pasos interesantes, quedando un par de escalones a mitad de bajada, en uno de los cuales decidió echarse una siesta la Trigger negra y verde, obligando al biker a darle un besito al suelo que lo dejó un poco indispuesto durante unos instantes, así como una muñeca izquierda dolorida. Espero que no hiciera falta foto a la vuelta.
Dicen que te puedes quedar un poco tonto si te das golpes en la cabeza, en este caso parecía máximo el nivel de tontuna del caído y parece que la cuenta volvió a empezar. Se pasó el resto de la mañana recitando la lista de los reyes Godos e incluso el peso atómico de los elementos de la tabla periódica. Suponemos que los diría bien, nadie era capaz de corroborarlo. Igual pensábamos que se había convertido en un genio y resulta que no daba ni una, vete tú a saber, mi cabeza ya lleva muchos meneos.
Salimos a la carretera y nos confiesa Rafa que esa senda era un bonus-track, no la tiene prevista en la ruta que quiere organizar a todo el grupo, menos mal, hubiera organizado una procesión más larga que la de la Semana Santa sevillana.
Nueva entrada en senda, esta vez la del Port, con suave pendiente pero también muy divertida y que transcurre bajo la autovía que lleva a Xàtiva, siempre rodeados de árboles y mucho verde, una gran novedad para nosotros, que no tenemos verde ni en los campos de golf. Nuestro pantano es color chocolate.
Entramos en carreteras vecinales e incluso un corto tramo del barranc dels Cinc Germans tras el que cruzamos la autovía y nos dirigimos a Novetlé, al que no llegamos puesto que iniciamos corto ascenso por carretera a la derecha para pasar junto a su cementerio. Alguno pensó que era una indirecta, poco se equivocaba.
Y es que el asfalto termina en una senda que nosotros seguimos a la izquierda, camino de Xàtiva, en cuyo inicio se hace tapón y Marcos, al intentar apoyar el pie en el suelo, descubre que está en el borde, no hay nada y cae rodando sobre las piedras, provocando alguna que otra risa y foto divertida tras comprobar que no tenía nada más que un golpe en la cadera.

Seguimos la senda, llana pero muy entretenida, por la numerosa piedra que tiene, que le da tecnicidad a alguno de sus tramos, en uno de los cuales Marcos apoya mal la rueda delantera, se le va fuera y, pataplaf, otra vez al suelo.
Todos sabemos el orgullo que da el que bauticen una senda con tu nombre pero no imaginábamos que sus ganas fueran tantas, por lo que decidimos que con dos eran suficientes y, desde ahora, esa senda será la San Marcos, puesto que no teníamos ganas de que el chico continuase su festival de caídas y al recital de los reyes Godos, ahora se incorporasen los Borbones, los Austrias y los Nibelungos…..con uno ya era suficiente.
Así que, ante la ausencia de agua bendita visto el diabólico logo de nuestro grupo, consagramos la senda con Acuarius. El protagonista quedó conforme y ya no volvió a caer. Si lo hubiera pedido desde el inicio, quizá hubiéramos accedido y se hubiera ahorrado los dos revolcones.
Seguimos la senda hasta llegar a las calles de Xàtiva, que bordeamos por su parte más elevada buscando su castillo, subiendo por el lado más divertido, por un montón de escaleras en lugar de por asfalto. Fue increíble comprobar que todos realizaron el tramo a sabiendas de que era mucho más fácil por la carretera, el nivel de frikismo del grupo está alcanzando cotas inusitadas.

Tras las fotos de rigor, seguimos el ascenso, ahora inevitablemente por carretera hasta la entrada al Castell, aparcando junto a la taquilla para disfrutar de las fantásticas vistas de la ciudad.
Y estábamos pensando ya si teníamos que darnos la vuelta o sacar la cartera para pagar la entrada cuando nos cuenta Rafa que los bikers pasamos gratis si salimos por la primera puerta, la dels Socors, a la salida de la cual nos hicimos unas fotos. El lugar es fenomenal.

Y no lo es menos la senda de bajada que cogemos después, con varias zetas muy chulas en alguna de las cuales intenté probar la técnica eslovaca para comprobar que me falta muchiiiiiisima práctica. Una cosa es hacerlo un poco en llano y por carretera, en una senda estrecha y con pendiente se complica todo mucho más. Lo seguiremos intentando.
Con un montón de sonrisas llegamos abajo y seguimos bordeando la sierra por la derecha, en llana senda al principio, con algo más de pendiente después, que cogió a Marcos desprevenido y partió la cadena tras fuerte tirón, que obligó a nueva parada a reparar. Afortunadamente, alguien tenía eslabón rápido para dejarle.
A partir de ahí, la senda sigue subiendo pero coge un nivel técnico importante, que obliga a darlo todo. Lo pasé fenomenal aquí. Me encantan estas sendas, tanto que me salté el desvío a la izquierda y tuve que volver un poco sobre mis pasos. Me comentó Rafa que, con tiempo, hubiéramos podido seguir y hacer otro bonus-track pero con tres caídas y una avería nos quedamos sin él.
Así, tras corto remonte, salimos a una urbanización que fuimos atravesando por asfalto en dirección a la Cova Negra, por cuya entrada pasamos gracias a una preciosa senda que transcurre por el margen derecho del río Albaida, que venía con mucha agua. La senda nos dejó a todos con la boca abierta, tanto a los que la visitaban por primera vez como a los que ya la conocíamos, bonita de verdad.
Fuerte rampa asfaltada en su salida y nos encaminamos hacia Bellús, a cuya entrada Rafa reta a los ilicitanos a coger un barranco mientras él sigue por carretera, nos espera al final junto a Marcos, que está un poco dolorido. El resto entramos para vernos cabalgando sobre piedras de forma inmediata. Se nota que los lugareños no barranquean, está el suelo totalmente salvaje y nos toca abrirnos camino como podemos.
Al poco de entrar, una zarza queda prendada de Elías, atrapándolo bien para que no escape, lo cual obliga al biker a tirarse al suelo y escapar a rastras. Otro síntoma de que los valencianos pasan poco, sus plantas están faltas de cariño.
Fuimos avanzando por la parte más agreste del barranco hasta encontrarnos frente a una pared sin salida, que nos obligó a dar marcha atrás y cargar las bicis al hombro para subir por un talud hasta encontrar senda por arriba, que seguimos hasta finalizar en una carreterita cementada a cuya salida no había nadie. El barranco volvía a seguir un poco más a la izquierda.
No teniendo claro si debíamos seguir, y dado que a veces era complicado saber por dónde transcurría el barranco, decidimos llamar a Rafa a ver dónde estaba, encontrándonos un poco más adelante. Allí nos explicó que, efectivamente, debíamos haber seguido un poco más y nos señaló el lugar donde nos esperaba. La próxima vez lo completamos, seguro.
Una vez completado el grupo, y dada la hora que se nos había hecho, realizamos el resto del retorno por carretera vecinal, llegando a tiempo de darnos un buen almuerzo en el bar y llegar a una hora razonable a casa, habiendo pasado una divertidísima mañana con Rafa, cuyo reino no deja de ganar adeptos.

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