21/5/18

Fredes - Portell de l'Infern

Fue gracias a Chemari que, como siempre, contó conmigo a la hora de organizar la visita a tan fantástico paraíso natural en la que acudía como anfitrión Jordi Climent, el padre de la criatura, que ha ido puliendo la ruta año tras año hasta dejarla difícilmente mejorable, apenas puedo imaginar mejor recorrido.
Dada la distancia a recorrer, tuvimos que organizar la salida para el viernes por la tarde, con el objetivo de hacer noche en el camping de Molí l’Abad, de donde saldríamos al día siguiente. Viaje tranquilo por carretera con Chemari y Esther salvo por un navegador juguetón que nos metió por un laberinto de caminos vecinales entre Canet lo Roig y La Senia que ríete tú del que escondía al Minotauro. De haberse estropeado el aparatejo, estaríamos engrosando la lista del Lobatón y, al menos, habríamos salido por la tele. Dejaré tiempo a los más jóvenes para que busquen Lobatón en Google, que uno ya va teniendo una edad y mis chistes todavía más….
Ya en el camping, nos recibe el resto de la tropa, los Jordi’s alcoyanos que, al igual que los catalanes, también están para encerrarlos aunque por motivos muy distintos……filldeputeeeees… Gran alegría saludar, al fin, a Gabi, de “3enruta.com”, gracias al cual he disfrutado de fantásticas rutas compartidas en su web. Buen tipo aunque con una bici algo malvada. Al día siguiente llegaría Rafa Tipotane, para completar el grupo.

Noche y cena divertidísima en la cabaña, en la que todo lo que pasó fue culpa del que faltaba y a descansar hasta el día siguiente, en litera precaria cuyo movimiento evocaba al sueño de los marineros colgados de una hamaca en los galeones de la edad de oro española. El efecto mecedora ayudó al sueño reparador aunque no estaría de más reforzar esos hierros.
Tranquilo desayuno al día siguiente, llegada del “culpable” de todo, y a las 8:30 estábamos todos listos para iniciar la ruta, sabiendo que nos esperaba un recorrido duro pero de esos que no se olvidan.
Salimos del camping y tranquilamente ascendemos por carretera hasta el pantano de Ulldecona, donde nos llevamos la sorpresa desagradable del día, apenas tiene agua, está muy, muy seco. Imagen terrible comprobar, allá abajo, la antigua carretera y puente por los que transitaban los vehículos hace muchos años. Con lo verde que está todo y lo seco que está en embalse. Una pena.

Nosotros seguimos la pista que lo bordea por su margen izquierda, en un suave ascenso que se lleva muy bien, internándonos por el barranc de la Fou, por el que transcurre de forma paralela el cauce de un torrente que tampoco trae agua, una lástima. Aun así, todo se ve muy verde y bonito, vas disfrutando del lugar mientras las fotos caen una tras otra.

Por cierto, llamar la atención sobre la habilidad de Gabi a la hora de fotear en marcha, desenfunda y dispara más rápido que Wyatt Earp en O.K. Corral. Se dudaba en el grupo si tendría algún tipo de artilugio bajo la manga que hiciera aparecer la cámara en su mano en tan corto espacio de tiempo, como los tahúres de los westerns con el as de picas.
Yo tengo otra teoría: apuesto a que le sale de forma natural, como las telarañas a Spiderman. Seguro que un carrete radiactivo le picó cuando era pequeño y así se quedó. Les repito que no estoy loco, mi madre me hizo las pruebas.
Los kilómetros siguen transcurriendo y, ahora sí, la pendiente se pone generosa, enganchando el piñón grande que, sin duda, fue el que más trabajó durante todo el día. Tómense la ruta con mucha tranquilidad, de otro modo reventarán pronto.
Eso le parecía estar pasando a más de un biker que fuimos alcanzando, uno de los cuales llevaba una bici salida de la época de Tomac, Juarez, Frischknecht…. a saber, neumáticos de 1.90, cuernos retorcidos, pedales con reflectores, V-brake….y, como no, pateancia. El pobre miraba con deseo nuestras máquinas mientras observaba la suya con desdén. Ya lo dijeron después, la vida es muy corta para ir con bicis de mierda. La frase no parece políticamente correcta pero es una verdad como un templo. Seguro que si se engancha a esto, cambiará pronto. Los inicios siempre son duros.
Pasamos una barrera y seguimos por la pista, haciendo la subida más llevadera puesto que me explica Jordi Climent que a nuestra derecha sale una senda con buen porteo en su inicio y que va a la Font del Retaule. Ya la visitaremos en ocasión más propicia.
A partir de aquí, la vegetación cambia de forma importante, algún entendedor les podrá explicar el tipo de árbol que allí predomina pero lo cierto es que el verdor se vuelve increíblemente intenso a medida que los árboles de hoja caduca sustituyen a las coníferas. Tramo bonito de verdad, rodeado entre montañas cuyos picos rocosos recuerdan a películas tipo “Avatar” y el paisaje a “El Señor de los Anillos”, pensábamos que encontraríamos a un hobbit tras cualquier recodo, recostado y fumando en pipa.
En una curva a la derecha, el grupo se interna por un callejón sin salida….¿Dónde vamos?...mira a tu derecha….todavía sigo sacando moscas de mi boca. Estamos ante el Faig Pare, portentoso árbol con más de 250 años de vida, cuyas raíces son mayores que muchos de los troncos que habitualmente vemos. Les juro que pensé que nos saldría Gandalf en algún momento.

Tras echarnos las fotos y reiniciar, quedé un poquito esperando a ver si aparecía. No hubo suerte, estaría luchando contra los orcos en pos del triunfo de la justicia. En el Congreso de los Diputados tendría trabajo para una buena temporada.
Retomamos el ascenso por la pista con tranquilidad, ya llevamos 19 kms desde el camping, hasta que, por fin, llegamos al Mas del Pataqués, donde paramos a almorzar en uno de los parajes más bonitos y relajados que puedas encontrar. Estamos teniendo mucha suerte y la lluvia anunciada ha decidido quedarse en casa.
Tras el relajado reposo, aprovechado por Esther para dar una cabezadita y por Rafa para zamparse una cervecita, retomamos la ruta porque lo más duro está por venir y eso que no hemos dejado de subir en los 21 kms que llevamos.

Dejamos la pista para internarnos por senda, en la cual el terreno deja de ser fácilmente ciclable para empezar a encontrar piedra suelta y algún que otro escalón, vamos, que empieza lo bueno, sobre todo cuando en giro a la izquierda en pino-rotonda, la senda se pone vertical de verdad. Ahora sí que me gusta a mí.
Subida corta pero muy potente que no completé por exceso de tráfico aunque no menos potente fue la bajada posterior que, tras un inicio factible, se ponía “marinera” en boca del mestre…..me explicaron que eso se traduce en un “jodido de la muerte”, que pude comprobar al ver al Kawa pasar a pata y yo casi a culás.
Tras estos diez metros tremendos, la senda sigue con pendiente muy potente y algo suelta pero posible si le tienes ganas, así que probé….y comencé a reír….el tramo es complicadillo pero mega-disfrutón, lástima de la cadena que no lo vio tan claro y trató de escapar saltando de la bici. Menos mal que los eslabones no se soltaron, pudimos colocarla de nuevo y tranquilizarla con un par de palmaditas. No volvió a intentar el suicidio en todo el día.
Tras estos potentes tramos, llegamos al Mas del Frare, donde reagrupamos y nos explican que nos encaminamos al GR-7, donde la cosa se pondrá picante de verdad.

Y vaya si se puso, pero para bien, en mi caso y en el de Gabi, a los que nos encantan las subidas chungas y técnicas. Disfrutamos como enanos tirándole a todo y pasando buena parte de los pasos, siendo irremediable realizar algún porteo pero siempre corto. Lo pasamos en grande animándonos el uno al otro. Qué máquina eres, Gabi !!!
Resaltar una parada a media senda que nos sirvió para comprobar las fabulosas vistas que teníamos del otro lado de la cresta, sobre la cual realizamos fotos sin cesar. Precioso lugar que aproveché para sentarme en el borde y disfrutar del paisaje. Espero mi mujer no vea nunca la foto resultante.
Salimos a pista que rápidamente abandonamos a la izquierda para volver a coger el GR-7, en potente subida pero factible a la que tengas un pelín de suerte con el grip. A partir de ahí, la senda se convierte en un constante sube y baja, muy divertido y, sobre todo, bonito por el paraje por el que transcurre. En los Pirineos no encuentras sendas mejores. Vayan y llámenme mentiroso después, les devuelvo el dinero si no quedan satisfechos.
Salida a pista y nos dirigimos al Refugi de la Font Ferrera, donde fuimos todos ciegos a coger aguas, coca-colas y aquarius. Tanta fue la necesidad del personal que acabamos con las existencias del local. La pobre mujer no sabía ni qué darnos. Encontré bueno el Powerade del tiempo.

Mientras reponíamos líquidos en el exterior, echábamos cálculos puesto que llevábamos 32 kilómetros y todavía nos quedaban 5.5 hasta Fredes, todo por senda, por lo que se cumplían los pronósticos. No llegaríamos antes de las 15:00. Me explican los alcoyanos que esta ruta no se mide en kilómetros sino en tiempo. Pase lo que pase, nunca se llega antes de las tres al bar. No les faltaba razón.
En esas que el dueño del refugio nos acompaña fuera, mira el tiempo y dice, no tardéis que os vais a mojar. Mucha razón tenía, no tardó ni diez minutos en empezar. Contrátenlo para la AEMET, poco se pierde con probar, mejorar el porcentaje de aciertos no parece complicado.
Afortunadamente, la ruta sigue por una fantástica senda con un cortísimo tramo de porteo en su inicio, unos potentes repechones después y un divertido descenso hasta pista, donde ya comenzábamos a notar la humedad en el terreno, había alguna piedra y raíz que deslizaban.
Y, cómo no, abandonamos inmediatamente la pista para coger nueva senda ascendente y con puntos técnicos que obligan al porteo por la humedad de la piedra. En seco se podrían subir. Llueve muy poquito, apenas un chispeo pero la piedra ya está mojada. A Kawa le sobra el chubasquero, fue el único que se lo puso. Es un hombre que pone la seguridad por encima de todo, se lo exige su profesión.
Termina la subida y se produce la llegada a Fredes por una bajada chulísima y divertidísima, con un punto técnico muy chulo y la emoción añadida de la humedad de la piedra, excusa perfecta de Esther para intento de atropello al que escribe que, por lo visto, no debió sacarla lo suficientemente guapa en la ruta de la semana pasada. Espero haber mejorado en la presente o la próxima vez le tiro la foto con teleobjetivo.
Llegamos al bar a las 15:15, no fallaron los alcoyanos con el pronóstico. Si todos los caminos llevan a Roma, todas las rutas llegan a Fredes a las tres.
Buena comilona nos recibió en el bar, donde el ternasco de cordero estaba como para recuperar a un muerto. Menuda jartá de pan me comí rebañando el plato, casi le quito el esmalte a la porcelana de tanto mojar. Lo hice por ahorrar el lavavajillas, con su agua y jabón, ecológico que es uno.


Hora y tres cuartos después abandonábamos el lugar con la panza bien llena y satisfecha, de lo cual nos acordaríamos bien pronto puesto que retomamos la ruta cuesta arriba. La subida no es muy larga pero sí empinada y con algún tramo pedrolenco y técnico pasada la Font del Teix. Afortunadamente, ha salido el sol y la piedra se ha secado.
Y por fin llegamos a las puertas del Portell de l’Infern, la afamada y diabólica trialera, la reina de la Tinença de Benifassà, que encontramos en condiciones inmejorables. Calzamos protes y comenzamos.
Tramo divertido y técnico en su inicio, con mucha piedra y curvas que van haciendo las delicias de todos. Debemos llevar atención a las hileras de piedras que se han colocado para desviar el agua y la erosión que causa. Obliga a reducir la velocidad, haciendo más seguro el descenso.
Paramos a reagrupar en el Mas del Pitxón, donde las vistas son tremendas y espectaculares puesto que dominan todo el valle. Jordi Climent nos señala por dónde transcurre la senda. Queda lo mejor, apenas acabamos de empezar. Menuda contradicción de frase.
Reagrupamos y seguimos con lecho muy rocoso, todavía medianamente rápido hasta que la trialera se encajona entre las peñas, se vuelve increíblemente bonita y encontramos un tramo de zetas chulísimo que fui pasando bastante bien excepto una.
Mientras los demás siguen adelante, paro en un cruce a esperar a Chema, Esther y al bocairentino, con los que retomamos recto hasta encontrar al resto esperando un pelín más adelante, entendiendo inmediatamente el motivo de la parada. Difícilmente encontraré un lugar más bonito, estamos en “Las Catedrales”.

De verdad, no se pueden imaginar lo bonito que es aquello, acabas mareado de tanto dar vueltas, mirando de un sitio a otro sin saber con qué quedarte. No hagan caso a las fotos, ni por asomo demuestran la belleza del lugar, vayan y disfrútenlo, jamás se arrepentirán.
Tras quedar un buen rato alucinando en aquel punto, había que retomar la ruta y, tras un corto tramo técnico, nos internamos en bosque y sendero divertido pero de tierra, hemos dejado atrás el lecho rocoso, de momento. Cogemos velocidad y rápidamente la perdemos en dos zetas muy seguidas y cerradísimas, de difícil ciclabilidad, sobre todo cuando te encuentras una hilera de piedras a la salida de la segunda, ya sin velocidad. Kawa decidió echarse a dormir sobre ellas, fue solo una cabezadita.
Reagrupamos y volvemos a salir, esta vez con Chema delante de mí. Nos internamos de nuevo en las piedras, el terreno técnico por el que disfruto como un enano aunque no tanto como Chema, al que se le ve pasarlo en grande con su nueva bici. Es increíble la transformación que ha tenido, va que se las pela, lleno de confianza y entusiasmo. El tramo lo merece.
Tan engorilados vamos que no para nadie hasta fuerte curva a la derecha en la que se nos vuelve a abrir el valle frente a nosotros, lugar en el que reagrupamos y aprovechamos para echar alguna foto. La bajada es espectacular, de las grandes, grandes.

Y nos quedaba el último tramo, también pedrolenco y divertidísimo, fantástico, estamos todos con un subidón impresionante que nos desborda al llegar al final y comenzar todos a chocar las manos y abrazarnos. Han sido unos cinco kilómetros maravillosos, larga vida al Portell de l’Infern, qué razón tenías Octavio.
Con este impresionante subidón solo nos queda un tranquilo retorno al camping, todo cuesta abajo, por pista y carretera, con las caras llenas de felicidad y una euforia desbordante. A las siete de la tarde llegábamos al final tras casi cincuenta kilómetros y 1.650 metros de desnivel acumulado. Ruta dura y técnica a partir del Mas de Pataqués pero con unos paisajes que realmente valen la pena y un bajadón final de época.
Si el mundo musulmán organiza una visita anual a La Meca y obliga a ir, al menos, una vez en la vida a visitarla, no menos obligación debería sentir un biker en cuanto a ciclar por Fredes. Vayan y quedarán atrapados. Y recuerden, si no quedan satisfechos les devuelvo el dinero.

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