13/4/18

Coda Sartén. EWS

Última ruta en nuestro viaje a la Zona Zero, corta pero con la traca final, replicando parte del circuito de las EWS del 2015 y acabando con la bajada más mítica, Coda Sartén, la imagen de la Zona Zero. A ver si éramos capaces de realizarla o hacíamos un catacroker.
El inicio de la ruta es idéntico al de la Trilogía de San Vicente, atravesamos el pueblo, su castillo y nos dirigimos al Mirador del Cinca donde, en lugar de hacer las fotos donde ayer, molestados por unas torres eléctricas, decidimos bajar un poquito más y hacerlas sobre una especie de búnker de la Guerra Civil. Si alguno supiera lo que es, y no tuviera nada que ver con lo supuesto por mi humilde ignorancia, por favor, no lo diga, mi dignidad se lo agradecerá.

Cogemos la senda que crestea por La Serreta, con su divertida bajada final, esta vez sin GPS abandonado, atravesamos el río Forcaz e iniciamos la subida por la pista de ayer, solo que esta vez, en lugar de cinco kilómetros, subimos cuatro y nos desviamos a la izquierda, siguiendo las indicaciones de Coda Sartén….vamos a lo bueno.
O eso pensaba yo, todavía quedaba otro kilómetro de ascensión por pista hasta internarnos, ahora sí en las sendas, que empiezan con una entretenida, bonita y corta bajada que comienza a sacar nuestras primeras sonrisas.
Pronto termina la bajada y comenzamos a subir otra vez, senda potente como todas las de aquí y muy expuesta, por terrenos de margas y con fuerte caída a la izquierda, tanta que nos bajamos en un par de cortos tramos de cinco o seis metros por lo delicado del terreno, queda un pelín de barro de los días anteriores. La Zona Zero no es apta para gente con vértigo. No podemos evitar hacer frecuentes paradas para echar fotos, el lugar es espectacular.

La senda deja el borde de la montaña y se va internando entre árboles, una preciosidad que nos hace sudar de lo lindo, vale mucho la pena, hasta que llega el punto que los dos esperábamos, el de las protes.
Nos las calzamos, realizamos foto en casa abandonada y Topabajo, esperando con ansia el famoso cartelito de entrada al mítico tramo de Coda Sartén.
La bajada es muy divertida, rápida y con curvas constantes, con flow y algún escalón escondido por ahí que nos hace llegar al cartelito de “Precaución” muy divertidos. Ahora comienza lo serio.
 Tras el cartel, lo que viene es un descenso suelto, con curvas, mucha pendiente y reguero, tiene todos los ingredientes para hacerlo con cuidado. Afortunadamente, las lluvias de estos días atrás han dejado el terreno muy bien y bajamos fenomenal, controlados y tomando bien las curvas, puedes llevar la bici por donde quieres.

Y tras esta entrada, llega el culmen, el cartelito de “Solo para Iniciados” que todos hemos visto en vídeos y fotos, ese lugar deseado que todos hemos soñado realizar. El punto álgido de Coda Sartén.
Dejamos las bicis atrás y nos asomamos, la pendiente es mucha y el terreno no inspira confianza, se ve suelto y existe un doble escalón previo a una curva de derechas donde existen una serie de maderos con red para evitar que la gente se despeñe por el otro lado. Por un lado da confianza puesto que evita que te caigas por el precipiiiiiiii……por el otro, da mucho respeto.

Con los pelos de la nuca erizados, típicos de las grandes ocasiones, monto y me dejo caer, despacio para no coger excesiva velocidad e ir a parar contra los maderos, aquello coge una pendiente acojonante, cojo los dos escalones y puedo controlar la bici perfectamente después y meterla en trazada, soltando frenos para realizar las curvas posteriores a toda pastilla y gritando como un loco. Una más para la colección, yijaaaaa !!!
Dejo la bici a un lado y vuelvo corriendo antes de que Rafa decida tirarse para echarle una foto con la que inmortalizar el momento. Me está esperando cámara en mano, me ha grabado y espera que yo haga lo mismo pero la perspectiva desde abajo es mucho mejor, por lo que me pasa la cámara y me aparto como puedo de la trazada, tratando de no irme rodando hacía abajo. Menudos equilibrios tuve que hacer, no crean que fue fácil !!!
Allá viene Rafa y, tachán, baja como si nada, con una facilidad pasmosa, qué crack !!! Hay que ver cómo se le ve disfrutar con la Genius….y comienzan sus gritos, muchos. Este tramo y el de la Miniwhistler son los que más gritos por metro cuadrado generan en la comunidad biker, estoy seguro.

Y tras abrazarnos y contarnos cómo lo habíamos vivido cada uno, retomamos el camino, queda poco pero algo queda hasta, cómo no, el arroyo del final, iniciando un retorno a Aínsa llenos de entusiasmo tanto, que incluso paramos a realizar foto de la bajada de La Serreta, que no imaginábamos fuera tan empinada.

Como ayer, el retorno a Aínsa se realiza por el barranco que sale a la Cruz Cubierta, hoy con un pelín menos de lodo. Una vez en el pueblo, última visita al “Reyno de Sobrarbe” a comprar unos recuerdos y despedirnos de Jorge, que se complace en comunicarnos que el GPS ya ha podido ser devuelto a su dueño, con lo que nos llevamos una buena alegría.
Pasamos por la carnicería a cargar chuletones, longanizas, chorizos y morcillas para volver al hotel cargados como burros para ducharnos en las habitaciones gracias al favor del hotel de alargarnos un par de horas la estancia, de lo cual estamos muy agradecidos. Se portaron muy bien.
Una vez limpios y recuperados, solo quedaba despedirse de un lugar maravilloso, la meca del enduro nacional y el paraíso de las sendas, un lugar al que, sin duda, me encantaría volver en cuanto tenga bien cargado mi bono-bici.
Agradecer de todo corazón la invitación que me realizó Rafa y las ganas que puso en que pudiéramos venir, fueron cuatro días de completa felicidad, olvidados del resto del mundo, cuatro días en los que solo nos dedicamos a disfrutar de lo que tanto nos gusta.
Gracies, Rafa !!!

Molt bones vacances les que hem passat. He repetit totes les rutes però en totes he fet algo que abans no habia fet. Ací la resta de fotos. https://www.facebook.com/rafel.vidalsoler/media_set?set=a.10156042844711138.1073741931.560231137&type=3

10/4/18

Tetralogia de San Vicente

Tercer día en Aínsa, reservado para realizar la Trilogía de San Vicente, convertida hoy en tetralogía al añadir la variante de Santa Cecilia, una bajada más que no queríamos dejar escapar pese a la correspondiente subida. No defraudó en absoluto, su parte final es de esas que recuerdas para siempre. No se corten y háganla si les quedan energías, lo agradecerán.
Salimos a la calle y el día estaba espectacular, lucía un sol radiante que presagiaba grandes cosas, por lo que iniciamos la marcha con muchas ganas. Pasamos por la Plaza Mayor de Aínsa, la Plaza del Castillo y, una vez fuera del pueblo, giramos rápidamente a la derecha, por carretera primero, pista después hasta alcanzar el Mirador del Cinca, lugar fantástico para disfrutar de las vistas.


Tras las fotos de rigor continuamos por divertida senda que crestea La Serreta, ciclable salvo una corta rampa y con una divertida bajada final que levanta los ánimos tras apenas haber empezado. Bonita foto de Rafa haciendo un Rossi pero sin patear a nadie.

Fue curioso encontrar un GPS tirado en mitad de la senda que rápidamente paramos a recoger. Preguntamos a dos bikers que llegaban detrás pero no era suyo así que lo recogimos y decidimos entregárselo a Jorge al terminar por si era posible encontrar al propietario.
Me llamó la atención que no encontrásemos a nadie buscándolo en todo el día, estaba claro que el dueño no lo estaría utilizando para seguir un track, se hubiera dado cuenta inmediatamente, sino para grabar una ruta con el aparato en la mochila. No me puedo imaginar cómo sería de aburrida la ruta programada para que el GPS decidiera escapar. Tuvo suerte, nosotros hicimos una mejor, seguro.
Tras la Serreta, atravesamos el Río Forcaz y comenzamos una tranquila ascensión de cinco kilómetros por pista en los que alcanzamos a los dos bikers encontrados en el descenso previo y que resultaron ser padre e hijo, el primero se llamaba Óscar, el segundo tenía 14 años y montaba un bicho que ya me hubiera gustado a mí. Si con esa edad ya estaba disfrutando de rutas por Aínsa, no me quiero imaginar lo que será capaz de hacer en unos años.
Fuimos charlando tranquilamente a lo largo de la subida, demasiado tranquilamente me parecía a mí que iba Óscar, hablaba con una facilidad pasmosa, a mi me costaba seguir la conversación. Resultó que llevaba una eléctrica y no lo advertí hasta que lo dijo él, yo apenas aguantaba el resuello. Sí lo debían haber visto Rafa y el chaval, que se fueron quedando atrás.
Nos separamos a media subida porque Rafa iba acalorado con el ritmo, se quitó algo de ropa y vimos acercarse a otro biker que venía a pie, arrastando la bici, había roto la cadena. Yo pensaba que estaría buscando el GPS. Le ofrecimos nuestra ayuda, los eslabones rápidos de los que disponíamos pero el hombre no la aceptó, decía que iba a Aínsa y que todo era cuesta abajo, espero no se equivocara porque creo que algún repecho tuvo que hacer.
Nosotros seguimos la pista hasta entrar en senda a la derecha, hacer una corta subida y llegar al primer bucle de la ruta, que se iniciaba con la primera bajada del día, la de Planaermita. Allí estaban Óscar y su hijo que no llevaban GPS y no tenían claro el sentido a seguir.
Mientras nos poníamos las protes, ellos iniciaron el descenso, yo salí poco después y Rafa cerraba el grupo. La bajada es muy cerrada y bonita en su inicio, se va poniendo técnica poco después, tampoco demasiado, pues aparecen rocas y algún que otro escalón. Lo más complicado fue una curva de izquierdas con varias rocas que esquivar.
Muy pronto comencé a escuchar a la familia por delante, por lo que solté frenos un poquito más y los cogí, la bajada era divertidísima, rápida, con algunas curvas muy chulas pero, cuando los cogí, fue cuando más entretenido se puso, una senda de las que salen en los vídeos, meteórica y con curvas enlazadas, poco cerradas y con pequeños peraltes en los que apoyarte.
Llegando al final, Óscar y su hijo se paran a fotografiar las vistas que se intuyen al otro lado de los árboles…..para parar estaba yo…..por lo que seguí ahora sí a toda máquina hasta acabar exultante de felicidad, tras un tramo realmente divertido, tirando la bici de una curva a otra.
Igual de feliz fue llegando el resto, menudo inicio de la tetralogía. Pero cuando pensábamos que ya había terminado, la pista volvió a convertirse en senda y volvió a descender, ahora en un tramo corto pero expuesto al final, en el que Rafa arrimó demasiado a la pared, huyendo de la caída de la derecha, y tuvo que parar no fuera que el manillar le escupiera. La trialera acababa como todas, en un río.

Es conocido por todos que si pones Roma en un GPS, el aparato colapsa, echa humo y explota puesto que las rutas para llegar son infinitas, todos los caminos llevan allí. Algo similar ocurre en la Zona Zero puesto que todas las trialeras acaban en un río, torrente o arroyo. Allí no te mueres de sed ni queriendo. Supongo que hacer barranquismo por la zona debe ser peligroso por tener que estar continuamente esquivando bikers saliendo de las sendas.
¿Y qué pasa cuando llegas bajando a un río y lo cruzas? Pues que toca subir, en este caso poco cacho pero muy duro. Lo intenté en un par de tramos pero era imposible, hay que bajarse un poquito, nada importante, hasta la carretera que lleva a San Vicente de Labuerda, que da nombre a la ruta.
Aquí se inicia otro tranquilo ascenso de dos kilómetros por asfalto hasta el pueblo, en el que Óscar echó una mano a su hijo remontándolo hasta allí, el chaval lo agradeció mucho. En cuanto llegamos nosotros les avisamos que íbamos a dar una vuelta por dentro para echar unas fotos de las vistas, después visitamos su iglesia y decidimos seguir la ruta.

Una lástima que la pareja no entendiera nuestros planes y, al encontrar el bar del pueblo, decidieran parar un ratito esperando nuestra llegada. Nosotros no vimos el bar, por lo que seguimos por separado a partir de ahí.
Otros 2.5 kms de pista ascendente y nueva entrada en senda, por la izquierda, que pensábamos era la antesala de nueva bajada pero, qué va, seguimos subiendo, menos mal que era bonita y los pasos técnicos eran factibles. Cuando finalizó el tramo resulta que estábamos justo al inicio de la primera trialera. Habíamos acabado el primer bucle.
Deshicimos parte del camino del inicio hasta la entrada, ahora sí, del segundo bajadón del día, el de Cocullón, de 1.5 kms aprox, también muy rápido y divertido, con piedras, como casi todas las bajadas de aquí…..¿Adivinan qué había al final de la trialera? Espero no tener que recordarlo.
Acabamos saliendo a una pista y girando a la derecha en un punto donde había una valla con un caballo y un asno, a los que fotografiamos. A ustedes dejaré las asociaciones, yo solo diré que el de las orejas más largas me hacía ojitos.
Allí iniciábamos otro bucle con una subida por pista de 1 km que Rafa comenzaba a acusar, la ruta de hoy era bastante rompepiernas, con un perfil más propio de rutas ilicitanas, cortas pero duras subidas, rápidas bajadas. Ahí terminaba el parecido.
Tras llegar arriba, cortísimo descenso y desvío a la izquierda para coger la tercera bajada del día, la de Mayorcas, cuyo inicio es compartido con Santa Cecilia, la variante final. Divertida y rápida al inicio hasta parada en el desvío de ambas bajadas para consultar el GPS y evitar confundir el orden de las mismas.
En ello estábamos cuando nos llevamos una gratísima sorpresa, Óscar y su hijo vienen por detrás, nos explican que pararon en el bar de San Vicente pensando que pasaríamos por allí. Lástima no haberlo sabido, un Matao no se salta un bar ni por mandato divino.
Explicamos a Óscar nuestra intención y un brillo apareció en sus ojos, lástima que su hijo estuviera ya fundido y no consintiera, bastante hizo con aguantar la Trilogía completa, qué máquina. Así que bajaron ellos primero y les fui siguiendo hasta la separación final.
La bajada de Mayorcas es divertida pero tiene una trampa de la que afortunadamente fui advertido, tras un potente tobogán con curva a la derecha, la trazada natural te lleva a un salto de más de un metro de altura que, si no lo conoces, es probable que lo cojas sin querer y, como frenes a su entrada, acabas besando el suelo con ganas, seguro que demasiadas. Yo logré esquivarlo porque fui toda la bajada esperándolo pero, saben qué, ahora que ya sé dónde está, la próxima vez lo salto y será espectacular. La foto o el piñazo, ya veremos.
Una vez terminada la bajada, vamos girando a la izquierda hasta finalizar en la carretera, casi a la altura de Labuerda, en cuya gasolinera paramos a beber un Aquarius bien fresquito que entró fenomenal, hacía mucha calor.
En cuanto retomamos la marcha, volvimos a coger pista ascendente a la izquierda y pronto llegamos al punto donde cerrábamos el bucle, de nuevo junto al caballo y al asno, que volvió a hacerme ojitos.
Nuevo remonte de un kilómetro por pista, entrada a Mayorcas y, ahora sí, cogemos el desvío por Santa Cecilia, a la izquierda, variante que rápidamente vemos es muy poco transitada, cuesta seguir la senda, a veces vas por intuición y en algún lugar confundes la trazada.
Un par de sitios bonitos, con alguna curva cerrada y técnica donde Rafa me sacó una bonita foto.

 Otro tramo muy, muy expuesto (Variante Precipicio, Rafa dixit) donde una piedra golpeada por mi rueda trasera estuvo largo rato dando vueltas y cayendo, hasta que llegamos a un punto donde un cartel indica “Peligro”. Hasta ahora la bajada no acaba de convencer, el no tener clara la trazada le quita flow. Lo estaban reservando todo para el final.

Ante el cartelito, decidimos bajarnos y asomarnos, entendiendo rápidamente el por qué de su existencia: la senda baja en picado, entre dos o tres pinos y con una curva a la derecha, allá al fondo, que o coges bien o te vas para abajo. Lo miramos un par de veces para ver la trazada y allá voy, tengo claro por dónde, lo veo.
Aproximo muy despacio, trazo por la zona de más grip, la bici se va un pelín de atrás pero no tengo problemas en meter la bici en la curva y veo que la bajada sigue muy empinada, por lo que continuo riendo y gritando; giro a la derecha en noventa grados….y la locura, caída en picado por senda estrechita aunque sin obstáculos, con curva abierta a la izquierda al final. Yo no puedo parar de reír, solo hago que gritarle a Rafa para que me espere, que ahora subo a echarle la foto. Colosal.

A la que puedo, dejo la bici a un lado y trato de subir corriendo todo lo bajado pero….¿Es que podía?....tuve que ayudarme de las manos para poder llegar arriba del todo, era increíble la pendiente realizada, pensaba que no llegaba. Cuando lo conseguí jadeaba como un perro, agotado de subir a pata, menudo palizón.
Encontré a Rafa charlando con otro biker, que venía con un perro, resulta que el hombre quería hacer la Trilogía de San Vicente sin GPS, solo con un mapa, y se había perdido sin remisión. Nosotros le explicamos nuestra ruta y, en un principio, hizo intención de seguirnos pero, en cuanto vio lo que le venía por delante, lo dejó estar, así de peliagudo estaba. Se fue por donde había venido.
Era el turno de Rafa y tras los nervios del comienzo, se fue hacia abajo y bajó sin despeinarse, es increíble la confianza que ha cogido con la Genius, baja fenomenal, muy controlado y por el sitio permitiéndole disfrutar de las bajadas muchísimo más que antes, por lo que se puso a gritar, sobre todo cuando hizo la famosa curva de los noventa grados y desapareció allá en lo bajo. Yo iba detrás, corriendo y echando fotos como podía, tres salieron.
Tras la explosión de alegría que nos invadió a los dos cuando paró a que recogiera mi bici, seguimos bajando y, cómo no, la trialera finalizó en un río pero, en esta ocasión, no había que atravesarlo….¡¡¡¡ La ruta iba por dentro !!!!

Increíble, no dejábamos de mirar el GPS, es cierto, es por aquí, no hay sendas a los lados, no dejábamos de mirar pero no veíamos otra alternativa. Este tramo es mágico, vas por el lecho de piedra de un arroyo con agua, muy limpia y con grip, que permite rodar con una facilidad pasmosa. Estábamos alucinados. No lo olvidaremos nunca.
Encontramos alguna rampa, pequeño escalón, todo con una confianza tremenda dado el buen agarre de la piedra y, eso sí, encontramos un corto tramo más pedrolenco donde era complicado pasar sin mojarte los pies, no acabábamos de creer que estuviéramos dentro del track pero así era.
Justo cuando empezaba a aparecer el musgo y la piedra se vuelve resbaladiza, llegamos al punto de salida del río, por una pista que nos lleva al final de la trialera de Mayorcas tras un retorno por pista con rampa muy potente. Señores, no lo duden, hagan la tetralogía, es más, si quieren tres, hagan Santa Cecilia y dejen Mayorcas, el final no lo olvidarán, seguro.
El retorno a Aínsa se realiza por otra preciosa senda, ciclable y con pendiente ligeramente descendente hasta que volvimos a llegar al cruce del río Forcaz en La Serreta, entrando al pueblo por un bonito barranco con algo de barro por brotar agua de alguno de sus puntos y que sale junto a la Cruz Cubierta, donde realizamos las últimas fotos del día, llegando a Aínsa con ganas de pegarnos nuestra última comida en la Zona Zero, que fue plenamente disfrutada, sobre todo por el retorno al hotel por la trialera que hay a espaldas del pueblo.
Ya por la tarde, pasamos a visitar a Jorge por su tienda de “El Reyno de Sobrarbe” donde entregamos el GPS. Le comentamos lo bien que lo habíamos pasado en Santa Cecilia y que, al día siguiente, haríamos Coda Sartén para despedir la Zona Zero por todo la alto. Grande fue la sorpresa cuando nos dijo que, en su opinión, lo que habíamos hecho era más difícil que Coda Sartén, por lo que quedamos tranquilos para la última ruta.
El dia que vaig fer esta ruta em va encantar, tot i que vaig trobar fang i em vaig quedar amb les ganes de tornar-la a fer.... però sense fang. He pogut repetir-la i ademés fent una baixada mes. ES-PEC-TA-CU-LAR. Ací la resta de fotos. https://www.facebook.com/rafel.vidalsoler/media_set?set=a.10156035957301138.1073741930.560231137&type=3

9/4/18

Bajo Peñas + Variant Trail

Segundo día en la Zona Zero y, tras un fenomenal desayuno en el hotel, salimos a la calle para ver que está chispeando, era lo previsto, pero es muy leve, se puede salir sin problemas ni necesidad de chubasquero. Las predicciones indican que mejorará el tiempo a media ruta, esperemos que el meteorólogo haya tenido un buen día.
Con esa incertidumbre comenzamos la ruta recomendada por Jorge, uno de los creadores de la Zona Zero, imposible encontrar nadie mejor. Estaba claro que iba a ser un acierto. Es lo mismo que preguntarle a Paquirrín por un club, de esos de luces de colores. Seguro que no falla.
Salimos desde el puente junto al río Cinca por un corto tramo de asfalto junto al barranco de Soto que pronto abandonamos a nuestra derecha para internarnos en preciosa pista que va atravesando un riachuelo, una vez tras otra, es una gozada. El sitio es muy bonito, no dejamos de ver aves rapaces en el cielo, esperando a ver si desfallece algún biker. Espero que hoy quedaran con hambre.
La pista desemboca en otra carreterita local que seguimos subiendo con tranquilidad hasta alcanzar Villarcito Bogetar, donde cogemos senda a la izquierda a cuya entrada escucho a Rafa gritar….mírate los brazos, están blancos!!!....ostras, pues es verdad, las gotas de lluvia se han convertido en copos de nieve, qué pasada!!!
Ese mismo calificativo se le puede aplicar a la senda por la que circulamos, muy, muy chula, preciosa y encajonada entre árboles, unos dos kilómetros en ascenso moderado y con un puntazo técnico que me encantó, sobre todo en su parte media. Habrá que bajarse en algún tramo pero en su amplia mayoría es ciclable, máxime si tienes el terreno seco. A nosotros nos costó un pelín más por lo mojado de la piedra.

La senda finaliza en terrible y corto rampón que obliga a subir con la bici al lomo para alcanzar la cumbre del Collado de San Beturián, que volveríamos a visitar más adelante, a la vuelta, al escoger la variante más trialera….¿Alguno lo dudaba?
Aprovechamos el llegar a lo alto para coger un poquito de aire y comprobar que, por detrás, se va abriendo el cielo, por delante lo tenemos peor, hay buenos nubarrones. Tras una barrita, nos colocamos las protes e iniciamos bajada en dirección a Los Molinos, muy divertida al principio aunque con un poquito de precaución por estar las rocas mojadas y con un final apoteósico, al internarnos en una zona de margas con enoooorme reguero central por el que circulas, encajonado entre paredes y con cuidado de no golpear los pedales a los lados, muy, muy bonito e impresionante. De esos grandes lugares de la Zona Zero. No os lo podéis perder.
Tanto nos gustó que aprovechamos para grabarnos en vídeo, por lo que solo tengo foto de Rafa de pié y admirando el lugar. De verdad que te deja con la boca abierta, es un auténtico pasote.

Y, como casi todas las trialeras de aquí, acabas en un riachuelo que hay que cruzar para iniciar el ascenso a Los Molinos, para lo cual pasamos por unos caminos muy bonitos, alguno entre muros de piedra y con el suelo plagado de rocas, muy divertido para los más barranqueros.
Lástima que al pisar de lado una piedra, saltara, me golpeara el cambio trasero y enganchara en los radios. No hubo daño importante pero me dobló la pata del cambio y tuve que ir con mucho cuidado a partir de entonces. Qué le vamos a hacer, soy un torpe.
Acabamos saliendo a la carretera que sube a Oncins, siempre cuesta arriba y ahora con la Peña Montañesa justo delante de nosotros, con nieve, que también vemos a nuestro lado, en alguna zona de umbría. Las nubes son tan densas que apenas la distinguimos pese a lo cerca que estamos.

Lo que sí distinguimos con claridad es el frío que hace, por lo que decidimos entrar al bar de Oncins a tomarnos un cafetito caliente que sentó de maravilla. Muy simpática la camarera, con la que charlamos un poquito. Todavía estaban más contentos los compañeros que llegaban justo cuando nosotros retomábamos la ruta. Es imposible encontrar a un biker en la zona que no tenga una sonrisa de oreja a oreja. Ya nos habíamos saludado el día anterior en Aínsa.
Por cierto, estamos muy acostumbrados a ver Lefty’s en nuestra zona pero parece que no tanto por ahí fuera, fue divertido saludarlos y decirnos….hombre, si sois los de ayer, el de la Genius y el de la…..no tenía ni idea de qué bici era la mía je,je,je…..más de una vez tuve que explicar en el viaje que la bici es así, que a la Lefty le falta un brazo.
Retomamos el camino con mucha alegría porque veíamos claramente que ahora íbamos hacia el buen tiempo, se veía todo despejado a nuestros pies pero, sobre todo, porque teníamos un buen descenso por delante que iniciamos en senda a la izquierda.
La bajada estuvo fenomenal, con mucha piedra en su inicio, más limpia y rápida después, hasta salir a pista que bordea Torrelisa. Me gusta mucho el diseño de las rutas, siempre te hace pasar por los pueblos de la zona para que los conozcas, puedas descansar allí si te apetece y visitarlos pero, sobre todo, facilita que toda la comarca se implique en el buen fin del proyecto.

Pequeña subida tras el pueblo y llegamos al desvío más crucial del día, en lugar de bajar por Planillé, bajada muy conocida, rápida y divertida, decidimos hacer una variante volviendo de nuevo al Collado de San Beturián para coger una bajada que se promete más trialera, la del Cuello Muertos. Teníamos que probarla.
La vuelta al Cuello de San Beturián se hace por senda descomunal, se rompe de tan bonita, te rompe con sus duras rampas, todas ciclables si estás con energía. La disfruté como un enano. Terminada la subida, bonito y rápido descenso con desvío a la izquierda que sale justo en lo alto del Cuello, donde vienen de nuevo las protes….yijaaaaa !!!


La verdad es que no sé cómo será Planillé desde arriba, lo que os puedo decir que el inicio de la bajada por Cuello Muertos es fantástica, ciertamente trialera en su inicio, con varias curvas, todas con piedras y escalones pero siempre ciclables que le dan un punto chulísimo y algo técnico. Me encantó.
A media bajada, se va normalizando el terreno aunque no deja de haber algún buen escalón escondido por ahí, por lo que no te confíes en exceso, llegando abajo con la sensación plena de haber acertado con la variante.

Pequeño remonte y salida al final de Planillé, del que disfrutamos las últimas curvas, viendo que es una bajada rapidísima y muy divertida, aunque debes llevar cuidado por la facilidad con la que puedes encontrar senderistas a tu paso, por lo que hay que estar preparado para frenar y saludar. El bueno rollo ha sido unánime en cada una de las personas que hemos encontrado en todo el fin de semana, ninguna mala cara en todo el puente.
Finaliza Planillé a los pies del Pueyo de Araguás, pueblo al que llegas tras buena rampa y en el disfrutas de la grandiosa vista de la Peña Montañesa y de su iglesia, realizando las fotos correspondientes.

Retomamos la ruta bajando por una rápida pista hasta llegar a un ramponazo corto pero épico que no finalicé por un pelo, me quedé a diez metros, en un escalón previo a la cima, pero es brutal, no sé ni cómo llegué hasta allí. La verdad es que si te gusta subir, sobre todo por zonas técnicas, disfrutarás de la Zona Zero casi tanto como de las bajadas. Me han encantado las sendas de subida, son espectaculares. Luis, nos has faltado tú!!!
Y la recompensa a este ramponazo es fantástica, senda chula con buen escalón que enlaza con escaleras de madera con otro escalonazo final que dejó mi culo reluciente. No se preocupen si no se lo limpiaron bien el día anterior, de aquí lo sacarán brillante.

De aquí enlazamos con un tramo de margas que te deja alucinado, paisaje lunar muy chulo y rápido, tanto que al final no puedes evitar ir saltando en cada ondulación del terreno, en cada pequeño salto que ves. Hasta Rafa se atrevió al final con uno aunque lo cogiera tímidamente.

Acabamos con un subidón de narices, saliendo de nuevo a la carretera por la que empezamos la ruta, finalizándola con una sonrisa de oreja a oreja y dándole las gracias a Jorge por sus consejos. Qué gran día.
Y todavía fue todo mejor cuando, a las cuatro de la tarde nos plantamos en la tienda de Intersport y nos aceptaron revisar el cambio trasero de mi bici, que dejaron fenomenal, permitiéndome seguir disfrutando del fin de semana sin preocupaciones. También le echaron un vistazo al de Rafa, al que le pasó lo mismo que al mío en la primera bajada desde Oncins pero que no llegó a doblar nada.
Cena en el pueblo por la noche, sin chuletón porque no quedaba en el establecimiento donde fuimos, por lo que tomamos nota para repetir a la siguiente en el primer restaurante. Nos fuimos a dormir felices y contentos porque, al día siguiente, nos esperaban cuatro buenas bajadas, cuatro….y es que somos de variantes.

Ací la resta de fotos. https://www.facebook.com/rafel.vidalsoler/media_set?set=a.10156034626301138.1073741929.560231137&type=3 Fantastica ruta, es la tercera vegada que la faig i no em cansaria de fer-la.