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5/1/17

Morro Gros - Dh Castalla

Ahir vaig anar de ruta amb Carlos, i clar.... una vegada lliges una de les seues cróniques.... només queda esperar a que ELL la faça per a copiar-la i pegar-la.

Hay una máxima en la vida que claramente se comprueba en el MTB, quien algo quiere algo le cuesta. Si te gusta el rally y quieres ponerte en forma, a entrenar; si quieres hacer buenas bajadas, primero hay que subirlas….aunque quizá esto último vaya cambiando si comienzan a proliferar las bicis eléctricas, gran idea para gente con lesiones o de cierta edad, no tanto para los que no se quieren cansar.
Pues como Rafa y yo todavía somos de la vieja escuela, seguimos ganándonos las trialeras con el sudor de nuestra frente y teniendo ya muy próximo un rutonazo por Aitana, física y técnicamente duro, pues tenemos que ir preparándonos.
Avisado de lo exigente del “Aitanazo”, Rafa rápidamente se puso a entrenar. Una ardua y muy sacrificada tarea, que le llevó a viajar tres días a Ainsa a empacharse de trialerones y, no siendo suficiente, al volver se fue al Montcabrer, se hinchó de sendas en Beneixama…..así es la implicación y sacrificio de bocairentino, un esforzado del MTB.
Y cuando me dijo que, en su próximo “sacrificio”, haría el Morro Gros y el DH de Castalla, no pude más, mi profunda amistad con él me impedía dejarlo solo ante tanta penuria y, sin dudarlo un solo momento, me ofrecí a acompañarlo. No me den las gracias, no las merezco, si eso presenten mi candidatura al Nobel de la Paz, me conformaré con ello…
Y a las ocho, y en Castalla, nos encontramos los dos esta mañana, con fresquito pero, bueno, nada exagerado, no tanto como el gélido viento que soplaba y que animaba a comenzar pronto para entrar en calor.
Y muy rápidamente lo hicimos porque empezamos a subir, y fuerte, desde el mismo comienzo, afortunadamente por pista ciclable pero que se va dejando notar a base de bien. Fueron unos 3.5 kms que dejaron el frío allá a lo lejos.
Y el sudor comenzó a correr a chorros en cuanto realizamos giro a la izquierda para encarar los seiscientos metros de pista rotísima y muy empinada que nos llevaría a lo más alto del Morro Gros.
Pero lo peor no era la pendiente, sino que las piedras estaban mojadas y no tenían ningún grip, por lo que, en lugar de buscar las losas para tener agarre, había que esquivarlas como un endurero las lycras.
A duras penas llegué a la primera curva, unos doscientos metros, a partir de ahí fue una sucesión de arreones cortos que me fue desfondando, por lo que la última recta la hice caminando, ya con Rafa a mi lado.
Pero el esfuerzo tuvo su recompensa, una senda de auténtica montaña y casi dos kilómetros de longitud que nos recuperó del esfuerzo, chulísima…..era aquella por la que Octavio nos emplazó este verano a buscar la “asclabicis”, aunque no llegué a ver la entrada.
Y quedaba lo mejor, porque llegamos al mega-mojón que inicia la bajada al Morro Gros, donde nos calzamos las protes e hicimos la foto junto al cráneo del último arruí que pasó por allí o del último biker con mujer desenfadada que realizó la bajada….no acabé de saber si era un aviso para que se lleve precaución en el descenso o un aviso hacía lo que aprovecha alguna esposa mientras salimos en bici, espero que fuera lo primero…

La bajada del Morro Gros tiene una primera parte empinada, similar a otras trialeras de la comarca, alcanzando pronto la parte más técnica para mí, en la que se suaviza la pendiente pero comienzas a realizar pasos entre rocas y árboles bastante técnicos, me gusta mucho esta parte y solo puse pie a tierra al final, cuando te encuentras un escalonazo en alto para entrar en el último y más emocionante tramo.
Y es que la pendiente se vuelve absurda sobre una losa de piedra tremenda, donde apenas se encuentra trazada y que va arrancando “yijas” a raudales. Un auténtico disfrute, no he hecho nada igual nunca, lo que más se le parece es el Castellar de Alcoy pero mucho más empinado y largo, digamos que aquello es como un Mini-Morro Gros.



Una vez abajo, con un subidón de narices y varias fotos en el zurrón, seguimos a la izquierda, buscando pasar junto a la casa con los toboganes, también divertidísimos y que pasé con más cuidado que la última vez, donde pegué una empuntada estratosférica que no dio conmigo en el suelo de puro milagro.
Pasamos al otro lado de la carretera, buscando la casa derruida pero, justo antes de llegar, cogemos senda a la izquierda que resulta inédita para mi, veremos qué resulta….
Pues resultó ser una senda espectacular que va por encima del barranc del Badallet y que trascurre junto a una estrecha acequia de agua, que venía llena e incluso desbordaba en algún punto gracias a las últimas lluvias. Preciosa.

En un momento dado, giramos a la derecha para atravesar el barranco por una losa chulísima, dejando a nuestra izquierda un subidón tremendo al Frare, por el que iban unos senderistas y espero no sea por ahí por donde suelen subir los roteros y vaya tela si lo bajan….
Nosotros salimos a una senda más amplia que sale a la carretera justo al otro lado donde desembocan los “buggies”, habiendo llegado al mismo sitio pero por itinerario inédito. Otra senda a la saca.
Cogemos un poquito de asfalto pero al llegar al cruce de Rabosa con el Xorret, en lugar de seguir por carretera a Rabosa, seguimos recto por unos bancales que te dejan en una casa que bordeas para acabar en un rampón tremendo que te saca a la pista que lleva a la ermita. Me fue imposible completarlo y me dio mucha rabia porque me faltó muy poco, eso sí, pude volver a montar y completarlo, dejando a Rafa solo en su caminar.
Remontamos la pista tranquilamente, puesto que se cicla en suave ascenso muy llevadero hasta el cruce en el que giramos a la derecha para buscar la Rabosa a través de un primer tramo empinado y roto, muy divertido, para terminar con los famosos Clavos de Cristo roteros, que te dejan en el bar exultante de emoción. Segunda gran trialera del día.

Llegamos con ansia de almuerzo de categoría, con hambre de embutido, panceta, huevos y carne a la brasa, alimento típicamente dietético incluido en todas las listas de alimentos hipocalóricos e hipocolesteromiantes, quédense tranquilos que ya busqué el vocablo en internet…
El problema fue llegar a un fantástico merendero, con unas vistas preciosas y darnos con la puerta en las narices, el bar está cerrado, qué putada…..nunca hubo bikers más tristes que nosotros ni estampa más terrible que sentarse en el maravilloso merendero disfrutando de dos lánguidas barritas energéticas regadas con isotónica chupada de los camels, qué crueldad, nadie merece semejante maltrato, hasta en Guantánamo tienen más compasión de los reos…

Si en algo podemos agradecer dicha desilusión es en el arranque de la ruta que, tras un kilómetro de carretera realizaba giro a la derecha para coger un subidón que hubiera hecho saltar por los aires todo el colesterol previamente tomado, literalmente.
Al llevar solo barritas, la subida se hizo dura, mucho, pero los estómagos aguantaron. Hay un primer tramo más largo que te lleva a una caseta de vigilancia, a la que subimos a fotearnos para continuar con dos ramponazos más, cortos pero tremendos y técnicos que pasé montado sin todavía explicarme cómo….si repito cien veces no me vuelve a salir. Rallymán me llamó Rafa mientras reía, merecido lo tenía, pero puntualicé, endurallyman!!! Un respeto, por favor...
Ya pensando que venía la bajada, me preparé para ello y me dejé caer, con la triste sorpresa de encontrarme otro rampón tras curva de izquierdas que me cogió con el paso cambiado y me obligó a subir a pie, cagonlamar, con lo que había ido pasando hasta entonces….a la próxima no se escapa.
Este último tirón que te deja junto a un pirulo blanco, es el preludio de la bajada definitiva, muy cortita y que te vuelve a dejar en el cruce de la pista desde donde fuimos hacia Rabosa.
En este caso seguimos la pista hacia la ermita, justo por el tramo más empinado y roto de la misma pero que se sube bien, pasando junto a la entrada a Nazarenos (ainnsss), para llegar arriba y coger la senda que baja a la ermita de Catí, por la que pasamos rápidamente hasta llegar al rellano de abajo, desde donde iniciamos el camino hacia el hotel del Xorret.
Allí se llega fácilmente por pista, donde nos hacemos las consabidas fotos en la estatua del “Chava” Jiménez, rememorando su victoria en la primera llegada de la Vuelta Ciclista a España al lugar, para afrontar un nuevo tramo duro, la subida a los depósitos.

La subida más “cómoda” se realiza por el asfalto pero con la alergia que nos da, lo evitamos al máximo por una pista paralela que, en varios tramos, coge una pendiente fortísima que nos obligó a cogerla con tranquilidad.
Pasamos junto a unas casas rurales y, tras otro rampón hormigonado, salimos a la carretera por donde acabamos de llegar a los depósitos y sale la senda que te lleva al Despenyador.
Aquí la emoción empieza a invadirnos mientras nos ponemos las protes porque llega el último plato fuerte del día, el DH de Castalla, inédito para mí. Le pregunto a Rafa y apenas lo recuerda, no sé si por el tiempo transcurrido, más de tres años, o por el stress postraumático que le supuso pasar la primera vez.
La bajada es muy larga, unos dos kilómetros y medio, y consta de dos puntos culminantes, el principio y el final. Tras unos primeros metros sencillos, te encuentras de repente con una losa de roca repleta de agujeros y muy empinada que te deja con los ojos como platos mientras buscas desesperadamente la trazada buena por donde poder pasar antes de encararla.
Afortunadamente la encontré y completé el tramo, no quedando Rafa muy tranquilo mientras me decía que llevara cuidado. Inmediatamente después viene un buen escalón con entrada muy estrecha en el que decidí bajarme, siguiendo con la máxima de que, en cuanto superas algo complicado, la caída viene después, al relajarnos y bajar la guardia. Ya lo sé para la próxima y no se volverá a escapar. No es complicado.
A partir de ahí, la trialera tiene buen piso pero con bastante pendiente y salpicada de continuas rocas y alguna raíz, que va machando los brazos mientras aguantas los baches y aprietas los frenos para no lanzarte hacia lo incontrolable.

Entorno al 60-70 % de la bajada, noto los brazos cansados y pienso en lo justo que debe andar Rafa puesto que tras el accidente ha recuperado muchísima fuerza pero todavía le falta un pelín para llegar al máximo, con un par de bajadas más como esta, seguro que la recupera. Me detengo y preparo para fotear mientras pasan dos centellas montadas en bicis de enduro que no me dan tiempo ni a pestañear, pues no nos falta para llegar a ese nivel…
Poco después aparece Rafa, que se gana mi foto y un pequeño respiro en sus agotados brazos mientras comentamos lo divertido de la bajada. Retomamos la marcha, empinada pero ciclable hasta que llegamos al tramo final, donde la pendiente se vuelve muy bestia, hay varias curvas cerradas y escalones. En ningún momento me llego a bajar pero sí tuve que soltar un pie y apoyarlo más de una vez en el suelo….no tengo nada claro que lo pueda bajar del tirón a la próxima...
Salimos a pista sencilla que abandonamos rápidamente por otra con mucha piedra y con nueva bajada a nuestra derecha que abandonamos a la izquierda para coger el esbozo de una senda cuya entrada nos pasamos inicialmente.
Una vez dentro comprobamos que por allí ya no pasa nadie, ni los senderistas, puesto que comienzas a ver pinitos en mitad de lo que quizá fuera anteriormente una senda. Estuvo divertido el tramo de exploración pero, en lugar de casco, la próxima vez nos pondremos salacot. En algún momento pensé que nos encontraríamos con el doctor Livingstone o con una piara de jabalís preguntándonos por donde se baja a Castalla, mapa en mano, pezuña en su caso….
Tras este entretenido trecho, salimos a la carretera que nos baja a Castalla, donde llegamos a los coches y nos despedimos hasta muy pronto, poniendo fin a un rutón de auténtica categoría especial. Aitana nos espera pero bien entrenados que quien algo quiere un montón de buenas trialeras le cuesta, duro el sacrificio el nuestro…


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